Una etiqueta que, según el gobierno, no se sostiene
El ministro de Hacienda y principal interlocutor económico de la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva a la reelección, Dario Durigan, elevó el tono contra lo que califica como un juicio anticipado del mercado financiero sobre la política fiscal del presidente. En entrevista con NeoFeed, afirmó que existe un “prejuicio fiscal” dirigido al petista —una desconfianza que, a juicio del ministro, no encuentra respaldo en los números entregados por el gobierno.
La declaración responde a una exigencia recurrente del empresariado: la de que la campaña presente, de forma clara, cuál sería el ancla fiscal de un eventual cuarto mandato. Para Durigan, la pregunta parte de una premisa injusta.
Lo que el ministro llama historial
En la conversación, Durigan sostuvo que la trayectoria fiscal del actual gobierno es más consistente de lo que sugiere el discurso del mercado. El argumento central es que resultados concretos ya fueron presentados y que la lectura pesimista se apoya más en expectativas políticas que en datos.
- El ministro defendió el compromiso del gobierno con la responsabilidad en las cuentas públicas;
- Rebatió la idea de que habría tolerancia con los desequilibrios fiscales;
- Y exigió al sector privado un análisis menos sesgado del desempeño económico.
Beneficios tributarios en la mira
El punto más concreto de la entrevista fue la señal de que el gobierno pretende revisar beneficios tributarios. La idea no es nueva en el debate económico, pero gana peso cuando viene acompañada de la promesa de detallarla.
Según el ministro, el esfuerzo pasa por separar lo que es un incentivo legítimo de lo que se convirtió en un privilegio sin contrapartida. La revisión, en ese diseño, funcionaría como instrumento de justicia fiscal y de recomposición de ingresos —un tema sensible tanto para las empresas beneficiadas como para la base política del gobierno.
> El mensaje que Durigan intenta fijar es simple: antes de discutir nuevas reglas, es preciso auditar lo que ya está en vigor.
Presión empresarial y calendario electoral
El ambiente de la entrevista no es casual. Con los comicios acercándose, crece la exigencia de señales de previsibilidad. Los inversores suelen tratar las elecciones como un factor de riesgo, y la ausencia de un diseño fiscal explícito suele leerse como incertidumbre.
Durigan, sin embargo, invierte la carga de la prueba. En su lectura, el gobierno ha entregado indicadores y es el mercado el que insiste en descalificarlos de antemano. Es una disputa narrativa antes que técnica —y el ministro parece saberlo.
Lo que está en juego
La discusión sobre beneficios tributarios interesa directamente a sectores que operan con renuncias fiscales desde hace años. Cualquier movimiento en ese tablero genera resistencia organizada en el Congreso, donde el tema depende de una negociación caso por caso.
Al mismo tiempo, el discurso del ministro cumple una función política: posiciona al gobierno como guardián del equilibrio fiscal, sin renunciar a la inversión social —una ecuación que el mercado observa con escepticismo y que la campaña necesita hacer creíble.
En resumen
- Durigan afirma que Lula es blanco de “prejuicio fiscal”;
- Defiende el historial del gobierno como prueba de responsabilidad;
- Anuncia la intención de revisar beneficios tributarios;
- Y responde a la presión del empresariado por claridad sobre el escenario poselectoral.
La entrevista no cierra el debate —al contrario, empuja la discusión hacia el terreno que el gobierno prefiere: el de los números ya presentados, y no el de las promesas aún por venir.