Probabilidades actualizadas
La Eurasia Group revisó sus proyecciones y ahora atribuye un 55% de posibilidades al presidente Lula en la elección presidencial. La cifra representa una reducción respecto al 60% estimado anteriormente, reflejando un panorama cada vez más equilibrado.
Christopher Garman, director de la firma, explicó que los modelos internos apuntan a una disputa prácticamente empatada. Aun así, la consultora mantiene el sesgo favorable al petista por la ventaja de quien ocupa el cargo y las dificultades que enfrenta la campaña de Flávio Bolsonaro.
Impacto del noticiario reciente
La crisis que involucra al Supremo Tribunal Federal ha sacudido la candidatura de Lula en las últimas semanas. La aprobación del presidente cayó, contrariando la tendencia histórica de alza durante los periodos electorales. Garman observa, sin embargo, que la pérdida en las intenciones de voto parece haber cesado.
Medidas como la prohibición de las apuestas deportivas y el alivio de deudas para consumidores, sumadas a rumores sobre Nossa Senhora Aparecida, dieron un pequeño impulso a la campaña petista en la recta final de la primera vuelta.
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Escenario económico y encuestas
Las preocupaciones por el endeudamiento familiar y la caída en la confianza del consumidor actúan en contra del actual gobierno. Aun así, Garman considera que el principal vector de la caída de Lula fue el noticiario sobre el Supremo, no la economía.
Las encuestas actuales muestran un empate técnico. El director alerta sobre posibles distorsiones en el levantamiento de comparecencia y en el perfil de los encuestados, fenómenos que históricamente afectan la precisión de los institutos.
Influencia externa
Las acciones del gobierno estadounidense, según Garman, tienen un impacto limitado en la disputa brasileña. Los electores atribuyen responsabilidad casi igualitaria a ambos lados por las tarifas. Sanciones como la Ley Magnitsky contra el ministro Alexandre de Moraes podrían incluso beneficiar a Lula, pero con un efecto menor que el año anterior.
El director descarta una interferencia relevante de empresas de tecnología estadounidenses, que evitarían riesgos reputacionales y legales al tomar partido en la elección.